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Irapuato

Beato Jacobo Duckett - el 19 de abril.
yossmaria fecha: 19 de abril
†: 1602 - país: Reino Unido (UK)
canonización: B: Pío XI 15 dic 1929
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio:
En Londres, en Inglaterra, beato Jacobo Duckett, mártir, el cual, casado y librero de oficio, por vender libros católicos fue denunciado y encerrado durante nueve años en la cárcel, y después, en tiempo de la reina Isabel I, fue finalmente ahorcado en Tyburn junto con quien le había denunciado, al que logró convertir a la fe católica antes de ser ajusticiados.
Ver más información en: Mártires de la persecución en Inglaterra (1535 - 1681)
La vida del beato Jaime Ducket es particularmente interesante, ya que casi todas las sentencias de prisión pronunciadas contra él, así como la condena a muerte, se debieron a sus esfuerzos por propagar la fe mediante la prensa católica. Había nacido en Gilfortriggs, en Westmorland. En Londres aprendió el oficio de impresor. El estudio de un libro, llamado «El firme fundamento de la Religión Católica», le hizo dudar de la verdad del protestantismo, en el que había sido educado, y desde entonces dejó de asistir a los oficios protestantes. El pastor de la iglesia de San Edmundo le mandó llamar; Jaime le confesó francamente que no pensaba volver a una iglesia protestante hasta que se le diesen argumentos más convincentes en favor del protestantismo. Por ello, fue condenado a dos años de prisión, uno en Bridewell y otro en Compter. Gracias a la intervención del impresor con el que trabajaba, Jaime fue puesto en libertad; pero a causa de la sentencia, su patrón juzgó más prudente despedirle.
Jaime recurrió entonces a un anciano sacerdote, llamado Weekes, para que le instruyese. Por el momento, el sacerdote se hallaba preso en Gatehouse; pero dos meses más tarde, quedó libre y, lo primero que hizo fue instruir a Jaime en el catolicismo. La vida de Jaime fue realmente ejemplar. Se casó con una viuda católica, a la que quiso mucho. Su hijo, que fue más tarde superior de los Cartujos de Newport, escribió un relato del juicio y la muerte del beato. Jaime se dedicó a la venta de libros, «tanto para consuelo e instrucción de los católicos, como para que pudiesen ayudar a otras almas». Ese trabajo era tan peligroso en aquella época, que de sus doce años de matrimonio, Jaime pasó nueve en la prisión, en diversas ciudades de Inglaterra. La última vez fue denunciado por un tal Pedro Bullock, quien había empastado varios libros para el beato y creyó que, delatándole, lograría conseguir una conmutación de la pena de muerte que había merecido por otro delito. Era falso que Jaime hubiese publicado las «Súplicas de la Reina» del P. Southwell, pero el beato confesó que poseía otros libros católicos.
El jurado se rehusó al principio a condenarle por el testimonio de un solo testigo, pero el supremo magistrado, Popham, pidió al jurado que reflexionase sobre su veredicto. Bastó un breve receso para cambiar la sentencia; el jurado declaró al beato Jaime culpable de felonía y le condenó a muerte. La esposa del beato fue a visitarle a la prisión llorando sin consuelo. Jaime le dijo: «Si me hubiesen nombrado secretario o tesorero de la reina, no llorarías. Pues ahora que voy a estar cerca del trono del Rey de reyes no debe haber lágrimas. Desde arriba podré hacerte todavía más bien, con tal de que sigas sirviendo a Dios en la unidad de su Iglesia ... Yo considero como un gran favor de Dios morir entre ladrones como mi Maestro y Señor». El beato perdonó de todo corazón a su delator, quien fue ejecutado junto con él, a pesar de su traición. Ambos fueron conducidos a Tybrun en el mismo carro. La esposa del beato le dio un poco de vino en Holborn Bars. Jaime repitió una vez más a Bullock que le perdonaba, le exhortó a morir en la Iglesia católica y le dio un beso cuando les echaron la cuerda al cuello.
Ver Challoner, Memoires of Missionary Priests, pp. 261-264; Pollen, Acts of the English Martyrs (1891), pp. 238-248; publicaciones de la Catholic Record Society, vol. V, pp. 390-391; y M. M. Merrick, James Ducket (1947).
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

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Beato Jacobo Duckett, mártir - el 19 de abril
fecha de inscripción en el santoral: 19 de abril
†: 1602 - país: Reino Unido (UK)
canonización: B: Pío XI 15 dic 1929
hagiografía: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
Elogio:
En Londres, en Inglaterra, beato Jacobo Duckett, mártir, el cual, casado y librero de oficio, por vender libros católicos fue denunciado y encerrado durante nueve años en la cárcel, y después, en tiempo de la reina Isabel I, fue finalmente ahorcado en Tyburn junto con quien le había denunciado, al que logró convertir a la fe católica antes de ser ajusticiados.
refieren a este santo: Beatos Randulfo Corby y Juan Duckett
Ver más información en: Mártires de la persecución en Inglaterra (1535 - 1681)
La vida del beato Jaime Ducket es particularmente interesante, ya que casi todas las sentencias de prisión pronunciadas contra él, así como la condena a muerte, se debieron a sus esfuerzos por propagar la fe mediante la prensa católica. Había nacido en Gilfortriggs, en Westmorland. En Londres aprendió el oficio de impresor. El estudio de un libro, llamado «El firme fundamento de la Religión Católica», le hizo dudar de la verdad del protestantismo, en el que había sido educado, y desde entonces dejó de asistir a los oficios protestantes. El pastor de la iglesia de San Edmundo le mandó llamar; Jaime le confesó francamente que no pensaba volver a una iglesia protestante hasta que se le diesen argumentos más convincentes en favor del protestantismo. Por ello, fue condenado a dos años de prisión, uno en Bridewell y otro en Compter. Gracias a la intervención del impresor con el que trabajaba, Jaime fue puesto en libertad; pero a causa de la sentencia, su patrón juzgó más prudente despedirle.
Jaime recurrió entonces a un anciano sacerdote, llamado Weekes, para que le instruyese. Por el momento, el sacerdote se hallaba preso en Gatehouse; pero dos meses más tarde, quedó libre y, lo primero que hizo fue instruir a Jaime en el catolicismo. La vida de Jaime fue realmente ejemplar. Se casó con una viuda católica, a la que quiso mucho. Su hijo, que fue más tarde superior de los Cartujos de Newport, escribió un relato del juicio y la muerte del beato. Jaime se dedicó a la venta de libros, «tanto para consuelo e instrucción de los católicos, como para que pudiesen ayudar a otras almas». Ese trabajo era tan peligroso en aquella época, que de sus doce años de matrimonio, Jaime pasó nueve en la prisión, en diversas ciudades de Inglaterra. La última vez fue denunciado por un tal Pedro Bullock, quien había empastado varios libros para el beato y creyó que, delatándole, lograría conseguir una conmutación de la pena de muerte que había merecido por otro delito. Era falso que Jaime hubiese publicado las «Súplicas de la Reina» del P. Southwell, pero el beato confesó que poseía otros libros católicos.
El jurado se rehusó al principio a condenarle por el testimonio de un solo testigo, pero el supremo magistrado, Popham, pidió al jurado que reflexionase sobre su veredicto. Bastó un breve receso para cambiar la sentencia; el jurado declaró al beato Jaime culpable de felonía y le condenó a muerte. La esposa del beato fue a visitarle a la prisión llorando sin consuelo. Jaime le dijo: «Si me hubiesen nombrado secretario o tesorero de la reina, no llorarías. Pues ahora que voy a estar cerca del trono del Rey de reyes no debe haber lágrimas. Desde arriba podré hacerte todavía más bien, con tal de que sigas sirviendo a Dios en la unidad de su Iglesia ... Yo considero como un gran favor de Dios morir entre ladrones como mi Maestro y Señor». El beato perdonó de todo corazón a su delator, quien fue ejecutado junto con él, a pesar de su traición. Ambos fueron conducidos a Tybrun en el mismo carro. La esposa del beato le dio un poco de vino en Holborn Bars. Jaime repitió una vez más a Bullock que le perdonaba, le exhortó a morir en la Iglesia católica y le dio un beso cuando les echaron la cuerda al cuello.
Ver Challoner, Memoires of Missionary Priests, pp. 261-264; Pollen, Acts of the English Martyrs (1891), pp. 238-248; publicaciones de la Catholic Record Society, vol. V, pp. 390-391; y M. M. Merrick, James Ducket (1947).
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI

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Santos Mapálico y compañeros, mártires
En la provincia romana de África, san Mapálico, mártir, que durante la persecución desencadenada bajo el emperador Decio, movido de piedad hacia su familia pidió que se concediese la paz eclesiástica a su madre y a su hermana, que habían abjurado, tras lo cual, conducido ante el tribunal, fue coronado por el martirio. Con él perecieron muchos otros santos mártires que confesaron igualmente a Cristo, entre ellos Baso, en una cantera; Fortunio, en la cárcel; Pablo, en el mismo tribunal; Fortunata, Victorino, Víctor, Heremio, Crédula, Hereda, Donato, Firme, Venusto, Frutos, Julia, Marcial y Aristón, muertos por hambre en prisión. († 250)
Santa Marta, virgen y mártir
En Persia, santa Marta, virgen y mártir, que en tiempo del rey Sapor II, al siguiente día de la muerte de su padre, Pusicio, sufrió el martirio en la Solemnidad de la Resurrección del Señor. († 341)

San Jorge de Antioquía, obispo y confesor
En Antioquía de Pisidia, san Jorge, obispo, que murió en el destierro por defender el culto de las santas imágenes. († 818)
* San Geroldo, eremita
En Friesen, lugar de los Alpes de Baviera, san Geroldo, eremita, de quien se cuenta que llevó una vida de penitencia en la región de Vorarlberg. († c. 978)
San Elfego de Canterbury, obispo y mártir (1 coms.)
En la playa junto a Greenwich, en Inglaterra, pasión de san Elfego, arzobispo de Canterbury y mártir, el cual, mientras los daneses pasaban a sangre y fuego el país, se presentó ante ellos con la intención de salvar a su grey, y al no poder ser rescatado por dinero, el sábado después de Pascua fue golpeado con huesos de oveja y finalmente decapitado. († 1012)

San León IX, papa
En Roma, en la basílica de San Pedro, san León IX, papa, que primero fue obispo de Tulle durante veinticinco años, en donde defendió enérgicamente a su comunidad, y una vez elegido para la sede romana, reunió varios sínodos para acordar la reforma de la vida del clero y la extirpación de la simonía. († 1054)
Beato Bernardo, penitente
En el monasterio de Saint-Bertin, en la región de Thérouanne, en Francia, muerte del beato Bernardo, penitente, que para expiar los pecados de su juventud escogió voluntariamente el destierro, y descalzo, sólo vestido con un hábito pobre y comiendo con parquedad, peregrinó incesantemente visitando santos lugares. († 1182)
Beato Jacobo Duckett, mártir
En Londres, en Inglaterra, beato Jacobo Duckett, mártir, el cual, casado y librero de oficio, por vender libros católicos fue denunciado y encerrado durante nueve años en la cárcel, y después, en tiempo de la reina Isabel I, fue finalmente ahorcado en Tyburn junto con quien le había denunciado, al que logró convertir a la fe católica antes de ser ajusticiados. († 1602)
Beatos Ramón y Jaime Llach Candell, presbíteros y mártires
En Montcada i Reixac, Barcelona, España, beatos Ramón y Jaime Llach Candell, presbíteros de la Congregación de la Sagrada Familia y mártires en la cruel persecución que acompañó a la Guerra Civil española. († 1937)
San Expedito, mártir (26 coms.)
En Melitene, en Armenia, san Expedito, coronado mártir en este día.